Vacío de Conceptos

Por Otto Scheuren

En Venezuela ocurre un fenómeno lingüístico bastante interesante. Hace pintoresco el modo de hablar del venezolano pero atenta al uso adecuado del idioma castellano. Entre estilos, sabores, actitudes y hasta en los conceptos de las palabras el venezolano no determina quién tiene la razón, ni es necesario seguir alguna regla. Si hacemos un análisis de cómo usamos el idioma castellano popularmente, podríamos intuir que ese modo de pensar refleja mucho la manera de ser de los venezolanos antes las leyes, instituciones y valores: no hay nada escrito para ellos, así que tenemos TOTAL libertad en jugar, actuar, manejar y hablar como nos dé la gana. Quizás este modo de comportarnos no es único y exclusivo de los venezolanos. Ocurre muy a menudo en pueblos escasos en educación y por esa desinformación actuamos con lógica propia que a veces no es acertada… pero si aceptada.

Vamos a explicar este fenómeno a través de un ejemplo: La palabra “PEROL“:

Es de origen Catalán y significa cacerola de barro o metal, de forma semiesférica que se usa en la cocina. ”aquel alquimista que está en aquel sótano con unos fuelles, inspirando una hornilla llena de lumbre, sobre la cual tiene un perol con mil variedades de ingredientes”. Luis Vélez de Guevara, El diablo Cojuelo.

Perol

En Chile se usa muy similar, igual es una cacerola de metal de fondo plado con dos asas, ideal para preparar comida en grandes cantidades.

En Venezuela puede tener ese significado o muchos más. Extrañamente el venezolano usa una palabra como comodín para identificar cualquier objeto cuyo nombre se ignora ó se olvida como se llama ó es irrelevante a los efectos de la comunicación. Aún así se hace entender. Es como un fenómeno que igual se repite en palabras como “vaina”, “coso”, “cuestión”, “verga”, “coño”. Son palabras que realmente tienen un significado, pero en Venezuela le dan “uso vacío de concepto” para que funcione en una oración y hacerse entender. “Recoge tus peroles” “¿cómo está la vaina?” “Traje la cuestión” “¿Cómo es la verga?” “En el mercado no había un coño”. Si se lee las oraciones sueltas no indican nada determinado, solo el contexto, los gestos y la entonación harán ese trabajo.

 

Otto

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